Para aquellos que lo ignoréis deciros que Chicago es históricamente la capital mundial del BLUES. Aunque naciera en los campos algodoneros del sur, acompañó a los esclavos liberados en su peregrinar. Su eclosión se produjo en la posguerra mundial, al sumarse la emigración del sur con la aparición de Chess Records, fundada en la Sweet Home, cómo no, por un emigrante polaco ( es considerada la segunda ciudad de Polonia).Así que la primera noche, después de los Celtics, nos fuimos "camino del sur" al BUDDY GUY'S LEGENDS a degustar la cocina del Delta (nada del otro mundo), y a disfrutar de más de dos horas del genuino blues en directo. El grupo lo formaban septuagenarios que debieron ser compañeros de correrías, pero tocaban "gloria bendita" y para colofón el amigo Buddy se dignó aparecer por allí, regalarnos unos cuantos bises (regados con "one beer, one scotch and one bourbon" como la canción de J. L. Hooker), y al concluir hacerse una foto conmigo, todo un detalle.
Este señor (73 años ) ha inspirado con su música y es/era idolatrado por gente como Eric Clapton, Jimi Hendrix, o los mismísimos Rolling Stones, ¡ casi nada!
En algún lugar leí que los discos de Waters, Wolf, Dixon, Big Joe, Didley... de aquella época eran para bailar, beber, copular, reir, llorar y... soñar. Os juro que por momentos vi las tórridas llanuras del delta del Mississippi, las carreteras del profundo sur con sus señales numeradas al borde del camino, los pantanos de Lousiana, las penitenciarías, los campos de algodón... mezclados con State Street, clubes, licorerías, iglesias, solares,...dicen que eso es el blues... pero puede que fuera el jet lag ¡Quién sabe!
El viernes noche tuvimos sesión doble musical, la parte curiosa e incluso peliculera del country, y la parte seria e incluso litúrgica del buen jazz. Pero comencemos por el principio, mira tú por donde Fernando conocía al bibliotecario del Instituto Cervantes de Chicago: Salvador Vergara. Éste había sido años ha compañero de piso de su actual socio y guardaban buenos recuerdos de juventud. Primero fuimos a su casa, situada en el Uptown, antiguo barrio obrero polaco y hoy mezcla de razas y situaciones. Nada más bajar del metro elevado una zona de almacenes que habían sido escenario de unas escenas del último Batman, unas calles más allá el Wrigley Field campo de béisbol también muy peliculero (y bonito hay que decirlo) porque conserva la original estructura desde 1914, incluido el marcador manual de madera y la hiedra que lo rodea.
Después de enseñarnos su casa y presentarnos a su familia (suegra incluida), nos dirigimos a la típica licorería, esa que siempre atracan en las películas, a comprar unas cervezas bien frías y una botella de vino californiano del valle del Napa que tiene cierta fama (no os perdáis la divertidísima "Entre Copas"). Los restaurantes que no venden alcohol pagan menos impuestos y al cliente le sale más barato, ¡todos contentos! Cenamos en un grecolibanés y la sobremesa la continuamos en un bar country con música en directo. El sitio me recordaba al de la serie "Trueblood", los de la puerta eran unos cincuentones con pintas de "ángeles del infierno" venidos a menos y las camareras unas " milf " sin silicona. Era el acertado toque palurdo del sur, con cerveza barata y muy buena música en directo a pesar de que la banda tenía la apariencia de ser los vecinos de al lado, pero tocaban como nadie versiones de la "Credence" y de los "lynyrs", disfruté como un enano.Cerca de la media noche nos dirigimos hacia el club de jazz "Green Mill", por lo visto uno de los más reputados del país, y donde había un jam session de una especie de supergrupo de afamados instrumentistas. El ambiente era serio, formal, tremendamente purista... una mezcla de " Cotton Club" y película de Woody Allen; luces tenues, mesitas bajas, cócteles, gente elegante, negros de dos metros con sombreros de fieltro, silencios respetuosos y aplausos entendidos..., por momentos creí estar en N.Y. en alguna grabación del sello Blue Note. He de reconocer que disfruté de la experiencia, pero me sigue pareciendo una música circular, una melodía que no sabe donde va porque simplemente no tiene intención de acabar nunca (y encima el ambiente que le acompaña en la actualidad es demasiado snob), por lo que sigo prefiriendo el blues, que a mí particularmente si me transmite. ¡Para gustos colores!
(CONTINUARA)
BANDA SONORA:

2 comentarios:
Qué envidia... de la insana, rastrera y rencorosa.
¿Quién inventó eso de la envidia sana? ¿Un antepasado de Guardiola? Eso no existe.
¡Quién pudiera haber estado allí! Seguiré echándome los whiskys en casa oyendo blues y recordando el concierto de B.B. King en los Viveros.
No sé cómo estará New Orleans (conociendo a los americanos ya la tendrán casi como antes del Katrina con monumentos en memoria por cada esquina), algún día espero poder ir y vivir algo así.
Un beso y sigue disfrutando de viajes como éste.
Pedazo de viaje que te has pegao cabrón. Pues no nos hemos metido Jackie’s entre pecho y espalda ese oso de la “Berlinale” que te escribe ahí arriba y un servidor, mientras el cuarteto de negros de la foto, tocados por la mano de Dios nos deleitaban con sus canciones, unas veces melancólicas y otras llenas de alegría. Madre mía que tiempos.
Envidia (y de la mala yo también).
Un abrazo.
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