lunes, 19 de mayo de 2008

NINGUNO SOMOS LIBRES

Dice un viejo axioma que el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios. Probablemente esto sea cierto y todos hayamos dicho cosas de las que luego nos hemos arrepentido. Pero en ese momento nos hemos dejado llevar por la visceralidad de la situación y no hemos calculado la repercusión de nuestros actos. Evidentemente es una situación que debería procurar evitarse y que en ciertas personas se da más que en otras, pero por otra parte ciertas dosis de franqueza y sinceridad son eternamente agradecidas, a pesar de que en un primer momento puedan ser dolorosas y quizás mal interpretadas. Ahí viene la gran duda, ¿debemos ser francos con nuestros seres queridos a pesar de que en un primer momento puedan tomárselo a mal o tomar una distancia acrítica y dejar que ejerzan su libre albedrío?

Dicen los viejos del lugar que nadie escarmienta en cabeza ajena y que sabe más el diablo por viejo que por diablo. Soy un eterno defensor de la responsabilidad individual (como buen liberal) y por lo tanto de que todos debemos asumir la responsabilidad de nuestros actos (la sociedad no es la culpable). No hay excusas sino sabemos leer los consejos de nuestros mayores o las advertencias de aquellos que nos quieren bien.

Viene esto a cuento de que hay ciertas reglas de convivencia, que aunque los tiempos que corren nos pongan fácil el no respetarlas deberíamos reflexionar antes de violentarlas. En la vida se adquieren compromisos que conciernen a más de una persona, ¿es lícito romperlos por mero egoísmo personal?, ¿hay que anteponer la que suponemos felicidad propia a aquello que nos ata por nuestra palabra o dignidad?

Si hay algo que valoro en esta vida es la coherencia y por lo tanto me veo incapaz de dogmatizar al respecto. Respeto a quien se muestra coherente con sus actos y opiniones aunque no las comparta, pero no soporto a aquel que solo actúa en esta vida por propia conveniencia. Es ese difícil equilibrio entre nuestros deseos, nuestras lealtades heredadas o adquiridas, nuestros compromisos, nuestras responsabilidades los que marcan nuestra trayectoria en este valle de sonrisas y lágrimas.

Aunque deseemos lo contrario, en el fondo… ninguno somos libres. ¿Afortunada o desafortunadamente?

Canción recomendada:

“None of us are free” de Solomon Burke.

jueves, 15 de mayo de 2008

UNA BODA Y UN FUNERAL

Como muchos sabréis enterramos a mi abuela Manuela el sábado por la mañana en el cementerio municipal de Valencia. Una mañana lluviosa y gris, como corresponde a un día triste, sirvió para despedirla en compañía de familiares y amigos que muy amablemente nos honraron con su presencia. Gracias a todos por asistir, así como a todos aquellos que habéis ido llamando estos días para expresar vuestras condolencias. Sirvan estas líneas también como homenaje a mis tíos Nieves y Paco por el sacrificio que han realizado estos diez últimos años, con cariño y abnegación, al cuidar de mi abuela enferma. Ley de vida (94 años). Descanse en paz.

Ley de vida fue también la boda de mi querido hermano Enrique con la “gordita pero guapa” (Enrique dixit) Estefanía. Llevaban saliendo un porrón de años y dos viviendo en pecado, así que cuando acabaron de pintar, colgar lámparas y cortinas, y ponerles puertas a los armarios; y como una cosa lleva a la otra y la excesiva ingesta de licores espirituosos siempre a la misma, pues decidieron casarse el pasado 3 de mayo (y de paso joderos el puente a más de uno).Típica boda conquense que comienza la noche anterior y no se acaba nunca, por lo que es aconsejable hacerla un sábado (se pudran en el infierno aquellos que la celebran en domingo con la vana esperanza de que no agotemos la barra libre) para que la gente pueda desbarrar hasta que el cuerpo aguante.

Es imprescindible una tumultuosa cena la noche anterior. Siempre falla alguien a última hora con la excusa de que no ha podido escaquearse del turno de noche (hay que pagar la hipoteca, tu ya me entiendes), pero cuyos huecos son rellenados por gente que ni siquiera recordabas que existían. La falta de previsión te ocasiona un overbooking, que solo la comprensión y las ganas de juerga de los asistentes te permite sortear. La importancia de la calidad y cantidad de los manjares es inversamente proporcional a la edad (y por lo tanto poder adquisitivo) de los comensales, así como los litros de cerveza y botellas de limoncillo, a más edad menos litros de alcohol… Aunque eso es la teoría, porque luego en el “Escuela de Calor” los medios corrían más que los Ferrari, bien es cierto que por el habitual sector masculino de los barra fija. Mientras, el sector femenino, con el refuerzo accidental de mis primas “Su Señoría” Montse y Maica, se dedicaba a fingir que se llevan bien de toda la vida y Carlos (6 o PSM) arrinconaba a Julián (no se sabe si con matraca mili, cione o tema de actualidad), los demás hacíamos gasto en vaso ancho, y alguno más hubiera caído, de no ser por diversos juramentos familiares (y “pa qué” nos vamos a engañar porque esta vez no conseguimos dejarnos a Montse en casa, ¿verdad Toñín? ).

El sábado amaneció soleado y sin resaca, y después de las fotos de rigor directos para San Marcelino City (o barrio de “las primas”) a realizar el paseíllo cuasi taurino que desembocó no en el albero, sino en una ceremonia religiosa con coro rociero y sobrina bailaora. Una vez finalizado tan glorioso evento, que naturalmente seguí con fraternal emoción, a terminar de saludar al resto del personal que como mandan los cánones se había refugiado en los bares aledaños, y acto seguido a por los canapés en el acristalado L’Enforcall (cuanto luminia gastarán los jodíos). Una pésima colocación motivada por mi atareada función de relaciones públicas me impidió abordar con eficacia las bandejas de, supongo, exquisitas viandas. Acto seguido pasamos al comedor a disfrutar de un show “tintorro”, que ríete de la Fura dels Baus, con música cañera y canasta de baloncesto. Tras la consabida barra libre que tanto une almas y espíritus nos trasladamos a la Asociación Andaluza donde me hicieron responsable de la música y del botellón-silo (lo de la zorra y las gallinas), y donde me esperaba como sorpresa-trampa una cita a ciegas (omitamos el comentario de Toñín al respecto, por prudencia). Después de unos cuantos medios, del show metal de los tintorros, de fotos con primas a tutiplén (para presumir luego en el curro), de mil mini conversaciones con exaltaciones de la amistad incluidas, aún quedaron fuerzas para acompañar a los novios en el pub de al lado hasta las dos rodeados de los irreductibles (y alcohólicos) que aguantaron el ritmo. En fin, agradeceros a todos vuestra presencia y algunos vuestra ausencia. ¡Juro venganza!

martes, 6 de mayo de 2008

DULCE COMO UN BLUES AMARGO

Dice la canción que el cielo te llama y una bala te queda. Me parece una expresión muy apropiada para un final de gran película, algo así como el desgarrador final de Centauros del desierto. He de reconocer que durante muchos años la consideré una obra maestra de manera irracional, simplemente me producía esa sensación de haber disfrutado de un pedazo de vida, pero sin saber por qué. Años más tarde comprendí que el personaje que interpretaba mi idolatrado John Wayne, con toda su dureza y determinación, no era más que el gran perdedor de la historia. Alguien que no tiene nada que perder porque ya lo perdió todo al renunciar al amor de su vida, y que vive en la espiral violenta de la supervivencia. Y aunque, aparentemente, consigue el objetivo que se ha marcado de rescatar a su sobrina, al final nos deja ver la triste soledad que le acompaña, en el maravilloso último plano, alejándose del quicio de la puerta, lentamente, a contraluz. Nunca nadie ha dicho tanto con tan poco.

Siempre he sentido debilidad por la estética del perdedor…, supongo que es más fácil solidarizarte con alguien que consideras más desgraciado que tú o incluso inferior, pero creo que en mi caso no es eso, simplemente es una especie de sentimiento poético. Encuentro belleza en los gestos de sacrificio, de discreción, de respeto a unos valores, de dar un paso atrás en el momento oportuno para no molestar…, no sé si es genético o adquirido pero soy así.

En suma, que siempre he sentido fascinación por aquellos que anteponen la felicidad ajena a la propia, yo no sé si sería capaz llegado el caso. Supongo que el instinto más primario que nos acompaña desde nuestro nacimiento (no, no es el de tirarse todo lo que se mueva), el de supervivencia, nos empuja a ser egoístas en esos casos (sobre todo cuando crees que sólo “una bala te queda”) y las vísceras pueden con el cerebro.

Por eso defiendo desde aquí la combinación de una cerveza bien fría, un caballito de tequila reposado, y la compañía de un amigo (se dice de aquél que adivina siempre cuando se le necesita) que no nos deje caer en la excesiva autocompasión. Por eso no hay nada tan dulce como un blues amargo.

Posdata: Dedicado a mi hermano y a su balón de baloncesto, a la oportuna llamada de Miguel, a las cervezas con Pedrito, y como no, a Toñín. Gracias por estar siempre ahí.

Canciones recomendadas:-“No hay” de los Ratones Paranoicos.

- “John Wayne” de Los Enemigos.

- “Tan solo” de Los Piojos.

domingo, 27 de abril de 2008

Sensaciones en el principio del fin.

Nunca la conocí, nunca la tuve, nunca la olvidaré. Me deja un hueco en el corazón y un nudo en el estómago.

El ácido amargor de la infelicidad ha ocupado mi alma desde mi adolescencia. Carente de objetivos e ilusiones, mis miedos e inseguridades lastraron cualquier pequeña iniciativa académica o personal. Y cuando por fin me decido a mostrar interés por una persona muy especial e incluso muestro una cierta perseverancia, ocurre lo inevitable, cometo errores que debería haber cometido hace veinte años. La actividad es el único camino que lleva al conocimiento, espero no haberlo descubierto tarde. Pasé el tiempo buscando la vida en los libros, lecturas compulsivas y heterogéneas, pero nunca la encontré, así que habrá que salir a buscarla.

Personalmente no tengo ningún reproche que hacerle y élla sabe que puede contar con mi cariño y amistad siempre que los necesite , así que desde esta humilde tribuna desmiento cualquier maledicencia que se me atribuya por el club de “no se lo cuentes a nadie (que ya lo cuento yo)”.

“Memorias de un sufridor” pretende ser un dietario más o menos fidedigno de lo que me vaya aconteciendo en esta nueva etapa, aunque no descarto novelar haciendo mías anécdotas ajenas, enmascarando, distorsionando o exagerando las propias, siempre con ánimo de entretener al personal que se tome la molestia de dejarse caer por aquí. También recomendaré o denostaré libros, películas o discos pasados, presentes o futuros, y quiero comenzar recomendando el capitulo nº 11 de esta cuarta temporada de HOUSE (sí, el de la Antártida), que probablemente por visionarlo en este momento tan especial me pareció “obra maestra”, como diría el entrañable Carlos Pumares.

En fin, buenas noches y… buenas noches.

Pdt: Se recomienda escuchar , acompañando a la lectura, “Suzanna” de la Hermes House Band y “El amor duele” de Lilith.